A ti MADRE, hoy te expreso mis más grandes y sinceros sentimientos llenos de mucha alegría.
Hoy, siendo el día de todas las madres del mundo, que el Todo Poderoso las llene cada día de más sabiduría y nos siga trasmitiendo esos valores que nos ha hecho hoy personas humildes.
Puede que yo no tenga grandes riquezas, pero teniéndote a ti, madre bella, nunca existirá la pobreza para mí.
Hay palabras que nunca salen de mis labios, por creer que no son necesarias…
Pero hoy, madre, quiero decirte muchas cosas con la esperanza de que no sea tarde, pero antes de nada, decirte que:
Gracias madrecita de mi vida, por ser quien eres, por darme la vida, vivir por mí, luchar por mí, sacrificarte por mí y desvelarte por mí. Esto es apenas un poco de lo mucho que tengo que agradecerte.
He crecido y madurado, y ahora me doy cuenta, a través de las dichas y desdichas de la vida, que tú eres la mejor mamá del mundo.
De ti he aprendido el valor de cada sufrimiento, pues en esos momentos tus palabras me llenaban de felicidad, alimentaban mi vida, y endulzaban cada parte de mi ser.
Ahora entiendo todos tus consejos, tus regaños y enojos los cuales hacían correr lágrimas en mis mejillas sin darme cuenta yo de que traían su propia enseñanza.
Sé que he hecho y entregado lo mejor de mí, y eso te lo debo a ti madre querida.
Al cansancio de tus años, el reflejo de tu bondad, la sabiduría de tu hablar y tu actuar que me han hecho saber y entender que Dios me ama en demasía.
Por haberme dado el privilegio de ser tu hijo.
Gracias por dejarme llegar, gracias por arroparme, gracias por tus regaños, gracias por enseñarme lo que son los valores y el respeto a uno mismo y a los demás.
Y gracias Dios por aún conservarme a esta madre que tanto necesito en mi caminar, y porque sé que cuando el tiempo inclemente nos separe por siempre, sus ejemplos y sus enseñanzas estarán conmigo por siempre.